28.6.09

FORERaS


Emblandecidos por lo escrito anteriormente, hay quien decide no sólo abrir sus libros, sino también sacar a pasear a las pequeñas. Los hay tan locos que las airean sin tener demasiado en cuenta algunas cuestiones y las llevan a lugares tan peligrosos cómo pueden ser los diarios íntimos o, peor todavía, a los foros de discusión de Internet.

Traer a las minúsculas al diario íntimo, en fin, tiene perdón porque quien peligra realmente es quien las escribe, pero llevarlas uno de esos foros es como llevar a un cachorro de cocker spaniel a una pelea de perros. Ni como público resistiría la pobre, menos aún como luchadora. Pero algunos irresponsables alinean sus minúsculas en estos foros, sin percatarse de que allí prácticamente todo se escribe en mayúscula y de que, desde luego, la discusión nunca la gana nadie que escriba suavecito con las pequeñas. Mal que nos pese en esos lugares es bastante frecuente ver como una minúscula perece despedazada entre las fauces de las mayúsculas*.

Una recomendación a tener en cuenta: puestos a airear a las minúsculas personales, el modo más seguro de hacerlo es escribiendo un blog y, como medida de seguridad añadida, se pueden moderar los comentarios, no vaya a ser que vengan las mayúsculas o los trolls.

*Dada la crueldad de la imagen que acompañaba esta entrada, se ha decidido proceder a su censura

14.6.09

DESOIDaS


Ahora coged un libro, abridlo por cualquier página, acercadlo a la oreja y escuchad. Nada ¿verdad?
Es porque a las minúsculas no se les oye jamás, ni aunque se desgañiten delante de las mismas narices de uno. Digan lo que digan, expresen su opinión con media boca o a grito limpio, su insignificante voz nunca es oída, ni aún con las mejores intenciones.

Las bobas no lo saben y, en cuanto abrimos un libro, empiezan a hablarnos de las pequeñeces con las que ocupan sus vidas, atropellándose las unas a las otras, entre disculpas y pisotones, sin respetar los turnos de palabra, sonrojadas por la emoción de tenernos cómo oyentes.
Algunas buenas personas abren sus libros con regularidad, sólo por complacerlas. Buenas y ociosas personas, diría yo: pocas otras ocupaciones deben tener para entretenerse con semejante banalidad.

6.6.09

áNIMOS


Las minúsculas son demasiado sensibles y mira que se lo dicen y mira que nunca aprenden. Todo se lo toman cómo algo personal y hacen una montaña de un grano de arena (aunque en su defensa diré que un grano de arena es mucho más grande al lado de una minúscula que de una mayúscula).

Cuando una minúscula se siente tan triste que ya ni coge sus lápices de colores, ni saca la lengua en el espejo, se limpia los mocos con el bajo de la camiseta y empieza a entonar, entre suspiros, su canción favorita.

Y así se da ánimos pobrecita.

29.5.09

CONFLICTIVaS

De vez en cuando nace una minúscula de extraordinario talento en un determinado campo. Y en muy contadas ocasiones la pequeña querrá poner su don al alcance de los demás y darlo a conocer.
Ay, pero tanto las artes como las ciencias son cosa de mayúsculas. Se rigen por reglas de mayúsculas, con límites y normas bien definidos que la pequeña, presa de su euforia creadora, no sabrá comprender. La minúscula hará preguntas incómodas e indecorosas, expondrá opiniones sinceras hasta la extravagancia y mil suicidios morales más por el estilo. Y no lo hará por rebeldía, como sus ensalzadores querrían pensar, sino por la minusculez de miras que la caracteriza.

Las ordenadas y disciplinadas mayúsculas le recriminarán esta actitud, se esmerarán en pulir estas imperfecciones de su carácter, con pésimos resultados, por cierto. Al final la tacharán de conflictiva y se lo pensarán dos veces antes de volver a admitir una minúscula en sus escuelas, por talentosa que esta sea.

Y así un libro tras otro. Un siglo tras otro.

16.2.09

CRISIS ORTOGRáFICA


La cuestión de la crisis es bastante simple: había exceso de mayúsculas. Todo el mundo sabe que en una frase bien construida no debe haber más de una mayúscula, la que encabeza a la misma. Como única excepción a esta regla, se permite alguna que otra mayúscula cuando se trata de nombres propios.
Bien, pues hecha la ley, hecha la trampa. Hace un tiempo las frases empezaron a llenarse de nombres propios sin apenas minúsculas entre ellas que puedan sostener el sentido de la frase.
A todo esto hay que añadir que muchos de estos nombres propios estaban encabezados por minúsculas venidas a mayúsculas, asunto que multiplicaba el número de mayúsculas existente y ponía en peligro seriamente todo el sistema ortográfico.
Los jóvenes, confundidos por la situación, empezaron a mezclar mayúsculas y minúsculas de forma iNDiscrIMiNadA en sus escritos, mientras que otros escribían en sus e-mails sólo con mayúsculas.
El asunto ya era insostenible.

Ahora las mayúsculas están cayendo una a una, ahogadas por las deudas contraídas para hacerse con un nombre propio, mientras las minúsculas se mantienen donde estaban (no se puede caer más bajo que una minúscula). Mientras las mayúsculas pierden las frases de su propiedad, las minúsculas no pierden nada, porque nunca han tenido una frase propia. Y las minúsculas venidas a mayúsculas vuelven a ser minúsculas de nuevo.

Es tiempo de minúsculas, más nos vale asumirlo.