Si bien las conversaciones entre mayúsculas y minúsculas son lamentables, también resultan poco eficaces las que llevan las maýusculas entre sí. Aquí el problema es el mismo: la atura que alcanzan las respectivas cabezas de las letras.
Pasa que, cuando dos mayúsculas debaten cara a cara y ambas letras se encuentran a la misma altura, sus argumentos chocan frontalmente, en vez de deslizarse los unos por entre los otros. Argumento tras argumento (pues las mayúsculas argumentan sin cesar), los discursos se acumulan ahí, a mitad camino entre las dos letras, formando un muro dialéctico que en un momento dado se hace imposible traspasar (y comprender). Siendo que las letras no son seres mortales y que las mayúsculas jamás se rinden, algunos de estos debates llevan cientos y cientos de años en marcha.
En cuanto a las minúsculas, dadas sus limitadas y simples mentes, jamás consiguen sacar nada en claro de estas conversaciones en las alturas. Escuchan a boquita cerrada durante unas horas, para después marcharse a hacer algún dibujo en plastidecor, con casitas y flores.
