Las minúsculas están tan desprovistas de todo lo material, que sus casas son cómo enormes libros en blanco: no hay muebles cómodos, ni hay pasillos, ni habitaciones bautizadas con nombres que ayuden a averiguar su utilidad (dormitorio, comedor, sala de estar... etc). Cada vez que quieren descansar, por ejemplo, las minúsculas han de buscar un lugar adecuado dónde hacerlo y se ven obligadas a recorrer varias páginas hasta encontrar ese maravilloso sitio que propicie una buena siesta.Las mayúsculas, en cambio, lo tienen más fácil. Sus casas tienen habitaciones con nombre y pasillos lo suficientemente estrechos cómo para seguir los pasos de sus antecesores sin la menor desviación, sin perderse jamás. Sus libros están bien escritos de antemano.
Mucho más cómodo, desde luego. Y más razonable.




