Ya se ha dicho antes aquí que las minúsculas aman las letras, pero tengo que detallar de qué manera se produce el amor en el caso de estas pequeñas.
Cuando dos minúsculas se conocen, ocurre igualito que en el caso de los humanos: se encuentran, se ven y ¡zas! quedan enamoradas. La principal diferencia entre humanos y minúsculas es que éstas últimas en realidad no "miran" a la otra letrita, sino que la leen. ¿Qué otra cosa puede hacerse cuando se tiene una minúscula delante? Hay estudios que demuestran que a las letras no se las puede mirar sin más, siempre se las lee, tanto si se tiene la voluntad de hacerlo como si no. Puesto que incluso el poderosísimo cerebro de los humanos es vulnerable a estos misteriosos encantos ¿cómo va a evitarlo una simple cabecita de minúscula?
Así pues, las minúsculas no se miran, se leen. Y es de este modo, leyéndose las unas a las otras, como se enamoran las pequeñas.
