Ya se sabe lo predispuestas que se muestran las minúsculas a las celebraciones, pero en el caso de las fiestas navideñas, pobrecitas tienen mucho que padecer, dado ninguna de ellas conoce cual es el comienzo exacto de dichas celebraciones. Por un lado, los anuncios de televisión dicen que empiezan el tres o cuatro de noviembre, por el otro lado, los grandes almacenes dicen que el veinticinco del mismo mes.En todo caso las pequeñas están convencidas de que noviembre es el mes de la navidad. Se ponen su gorrito rojo y empiezan a festejar, a comer turrones y mazapanes, a regalar piruletas a las demás letras que forman palabra con ella... y todo lo que se supone que una letra educada debe hacer en estas fiestas tan señaladas.
Llegado el mes de diciembre, las pequeñas ya no tienen aliento, no pueden cantar un un sólo villancico más, han engordado los gramos que luego tendrán que rebajar y han gastado todos sus ahorros en piruletas, mazapanes y tinta morada con la que vestirse en noche vieja (fecha que sí conocen).
Las mayúsculas, letras sabedoras que comprenden perfectamente el valor de la fechas (y la utilidad que tiene el adelantar varios meses la emisión de mensajes Navideños), ríen a carcajadas viendo semejante comportamiento de las payasas, aunque ninguna se molesta en sacarlas de su error, por no estropearse la diversión.


