Siguiendo con los consejos para librarse de una minúscula sobrante (y/o molesta/ pesada/ demandante) que habitualmente damos en este blog, hoy aportaré otro menos delicado pero igualmente eficaz. Es una práctica habitual cuando nos sobran letras o cuando las escogemos erróneamente, que nadie se muestre escandalizado pues todos lo hemos hecho alguna vez: se trata de tacharla (algunos se preguntarán "¿Tacharla de qué?"; bueno, allá cada cual en su elección).
Tengan en cuenta que cuando a una minúscula se la tacha (de lo que sea), ésta ya se ve atada a su papel por el fino hilillo que acabamos de dibujar alrededor de su cuerpecito enclenque. Pero tal vez con esto no baste, pues la pequeña seguirá pataleando y protestando desde el lugar en el que la hemos fijado, reclamando su libertad de minúscula cambiante y paseante. Si este es el caso, táchela de nuevo. Y otra vez si es necesario. Cúbrala de finos hilillos de tinta hasta que ni se la vea y quede perfectamente amordazada.
La minúscula seguirá ahí, con su locura boba intacta, pero usted ya no tendrá que soportarla más.
